BURGOS: EN TI ME SIENTO EN CASA

 Daniel Sotelino · 11 junio 2014 12:15 pm

Catedral de Burgos

Catedral de Burgos

Existen lugares, personas y situaciones que nos resultan profundamente familiares. En ocasiones viajamos hasta ciudades y pueblos en los que sentimos un profundo sentimiento de pertenencia, en otras un sentimiento parecido surge en nosotros cuando nos encontramos con personas por las que sentimos un poderoso sentimiento de cercanía y familiaridad; es como si las conociésemos de toda la vida. A lo largo de nuestra vida ésta nos va llevando de una etapa a otra, atravesando senderos bien definidos -que se van abriendo ante nosotros a medida que vamos dando cada paso-. Detrás de cada uno de ellos, de cada experiencia, de cada compañero de viaje, de cada lugar, se esconde un propósito, el de despertar en nosotros la consciencia que nos permitirá llegar hasta nuestro hogar.
En nuestro caminar vamos encontrando personas con las que nos re-encontramos y que, aunque no seamos conscientes de conocerlas con anterioridad forman parte imprescindible de nuestra historia personal. Personas que, todas juntas, formamos una gran familia. Todas y cada una de las almas que habitamos esta realidad somos parte de un mismo todo, todas somos lo mismo, todas somos gotas de un inmenso mar, un inmenso mar formado por grupos de gotitas que, en forma de familia van formando clanes que van formando la inmensidad del Ser UNO.
En Burgos encontré hace algo más de año y medio una gran parte de mi gran familia, de mi Familia de Luz. Almitas viejas con las que he compartido toda la eternidad y que despiertan en mí, consciencia con tan sólo sentir su presencia.

Plaza Mayor de Burgos

Plaza Mayor de Burgos

Burgos me sigue recibiendo con un profundo Amor -el mismo que yo le profeso ella-. Lo hace, una y otra vez, sorprendiéndome, con su calor -a pesar del frío de sus a veces gélidas calles-, con su cariño, con abrazos, con ternura, risas y con mucha alegría. Burgos me da Paz, claridad; me eleva. Cuando estoy en ella me siento como en casa. Paseo sus calles y ella, mientras, me acaricia el alma.
No hay ocasión que no visite Burgos en la que no descubra un nuevo lugar, un nuevo sentimiento de Amor, de hermandad; a una nueva alma con la que re-conectar. No hay visita que no me lleve a reencontrarme con una parte vital de mi ser y a descubrirme que, la distancia y el tiempo se disuelven como polvo entre mis dedos. Resultan inexistentes para aquellos vínculos que jamás fueron forjados, que existieron, existen y existirán; que son eternos.

Almitas

Almitas

Hoy quiero compartir un secreto contigo, Burgos es un lugar habitado por seres fantásticos, mágicos; es un lugar de cuento, donde algunos de sus habitantes -esos que son mi familia- pueden resultar de lo más variopinto, hadas, duendecillos, almitas viejas, magos, amazonas que cabalgan unicornios, ángeles llenos de luz… en fin, frikis y raritos golpeados por alguna enorme piedra proveniente de ¡quién sabe! quizás de Sirio, tal vez de Orión. La mía tengo claro que provenía de Orión ¿Descubriste tú de dónde venía la tuya?
Muchas de esas personas, de las que forman mi familia, han pasado, pasan y pasarán por un lugar muy, muy especial, por La Burbuja. Un espacio donde no sólo nos encontramos con nuestros hermanos, sino en el que nos encontramos con nosotros mismos. En La Burbuja muchos fueron quienes descubrieron sus alas, unas inmensas alas blancas, llenas de luz, unas bellas alas capaces de desplegar toda su grandeza y llevarnos a lugares que la mente nunca imaginó.

Iglesia de San Lorenzo

Iglesia de San Lorenzo

El mundo en que vivimos no es sino una proyección de nuestra mente, así de esta manera cada vez que visito esta ciudad bañada por el Arlanzón me maravillo con las construcciones que mi mente pone ante mí en forma de lugares hermosos, llenos de belleza y esplendor. Un lugar por el que callejear, en el que disfrutar de sus pinchos, del ambiente de sus calles, de los desayunos en la plaza de la Catedral, que se levanta majestuosa y bella -tratando de alcanzar el cielo mostrándonos a su manera el camino- dejándose iluminar por la luz que desprende la ciudad. Otear la ciudad desde el Castillo, imponente y poderoso, que cuida que el tiempo no resquebraje sus muros. Pasear viendo el Arco de Santa María asomarse, a lo lejos, entre los plataneros. Visitar el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas y descubrir una historia, la propia; el re-encontrarse allí donde ya se estuvo alguna vez. Perderse por sus calles y dar a parar con la iglesia de San Lorenzo, hermosa, serena -casi desapercibida entre tanta obra magnífica- y sentir Paz, un lugar para el descanso.

CartujaDeMiraflores

Cartuja de Miraflores (Burgos)

Alejándose un poco de la ciudad podremos visitar lugares que en otro tiempo fueron centro neurálgico de la vieja Europa, una época donde el ámbito del espíritu aún se mantenía firme frente a la materia. En La Cartuja de Miraflores los árboles se levantan majestuosos en honor de la Reina.
La noche va cayendo y lo hace mientras en un caminar sincero, el Sol va desapareciendo mientras los pasos se dirigen ante otro lugar de recuerdo, San Pedro de Cardeña donde ante la oscuridad de la noche, y la negrura de los recuerdos, se ilumina con real esplendor el alma, mientras, las más bellas voces acompañan jubilosas el abrazo de un instante del antiquísimo recuerdo que hoy revivimos una y otra vez.

Comida frente a la Catedral de Burgos

Comida frente a la Catedral de Burgos

Burgos, sensual donde las haya, nacida para ser vivida con todos los sentidos; con el tacto, la caricia de su casi siempre fría brisa; con el olfato, la fragancia embriagadora de sus rincones y de sus velas aromáticas; con la vista, la belleza que se levanta imponente para ser admirada; con el gusto, sus manjares que recargan fuerzas, el placer de disfrutar de un café con leche de soja en el Ágora Café -calle Laín Calvo, 5-, de una comida vegetariana en el Restaurante Gaia -calle de Fernán González, 37- o de una suculenta comida en El Morito -calle Diego Porcelos, 1- ; con el oído las notas de un piano que mecen el alma mientras los dedos acarician sus teclas con delicadeza, con la suavidad de quien deja caer lentamente una pieza de satén de unos hombros delicados. Pero sobre todo, Burgos, es para ser vivida y experimentada, sentida con el corazón abierto.

 

 

Vídeo-reflexión grabado en La Burbuja (Burgos)

Fotografías: http://instagram.com/danielsotelino