QUE EL AMOR ILUMINE TU VIDA

Daniel Sotelino · 14 julio 2015 17:33 pm

Que el amor ilumine tu vida¿Que si soy feliz? Sinceramente… lo soy a ratitos. Como ya compartía hace unos días en “¡Olvídalo! Tú no puedes ser feliz”, mi visión particular es que la Felicidad no está al alcance de nuestra mano mortal. Bajo mi punto de vista, la Felicidad es una expresión propia de un estado transcendental que está más allá de este mundo material. Lo que aquí llamamos felicidad no es sino un pequeño vestigio de lo que podemos encontrar al otro lado. Teniendo esto en cuenta, no es extraño que la felicidad me alcance sólo por momentos. Es tremendamente curioso cómo me siento feliz de forma más habitual cuanto más coherente y más fiel a mí mismo soy. …Y yo me pregunto, ¿no será esto motivado porque la felicidad no nos alcanza sino que, en realidad, está siempre en el lugar donde nos encontramos y tan sólo podemos observarla cuando aprendemos a permanecer precisamente allí donde estamos, cuando dejamos de correr, de luchar, de buscar?

Cuando empezamos a amarnos a nosotros mismos, comenzamos a aceptar lo que hay tanto en nuestro interior como fuera. Cuando aceptamos lo que es como aquello que debe ser, la vida fluye, la vida se vuelve bella. El Sol resplandece creando días espléndidos y la Luna ilumina con un brillo hipnotizador nuestras noches más oscuras. Cuando nos amamos, los días se vuelven más largos, el Sol brilla, y el calor aprieta fuerte porque la pequeña chispa que habita en nuestro interior crece volviéndose inmensa. Crece derritiendo cada limitación autoimpuesta, cada gélido temor, cada témpano levantado para ocultar nuestro corazón.

El amor nos mueve hacia la compasión y la aceptación, nos inunda de alegría; riega y abona la tierra para que florezcan las semillas que, durante años, fuimos sembrando a ambos lados del camino y que, mientras vivíamos sin él, nunca parecieron germinar. Vivir la vida con amor es transformar nuestro camino, a cada paso de nuestro caminar, en una travesía llena de color y armonía. En cambio, cuando nos dejamos llevar por lo contrario del amor, que a pesar de lo que muchos creen no es el odio sino el miedo, dejamos de ver el amor en toda su expresión. Dejamos de permitirnos vivir en armonía fluyendo con la vida y con frecuencia nos encontramos luchando contra molinos de viento. Molinos de viento simbólicos que nada tienen que ver con aquellas construcciones que se usan para moler el grano. Los molinos de los que hoy hablo son las cabecitas que, como las aspas movidas por el viento, giran y giran sin dejar de parar, movidas por unos incesantes pensamientos cuya consistencia y realidad es tan nimia que un pequeño soplo de viento las desvanece sin dejar rastro. Cuando logramos emitir un pequeño pero convincente soplido contra ellos desaparecen mostrando que fueron reales, tan sólo, en nuestras propias ilusiones. Nuestros mayores fantasmas, los monstruos que creamos, o nuestros mayores miedos son tan sólo eso: ilusiones que habitan en nuestras mentes y que tarde o temprano el tiempo terminará por deshacer. Nunca existieron y como tal acabaremos reconociéndolo aliviados, dichosos y fortalecidos.

Hace cierto tiempo hablaba con una persona cercana a la que le dedicaba estas palabras: “Lo siento pero tú no me ves tal cómo soy. Ves en mí sólo lo que tu proyectas hacia mí. Ves tus experiencias pasadas, tus miedos futuros, tus suposiciones, crees que reaccionas ante mí como si lo que tú ves cuando me miras fuese real ¿pero sabes? ¡No lo es! Yo no soy lo que ves. Mientras te relacionas conmigo desde esa ilusión, no hay justicia alguna en tu proceder. Mientras sueñas quién soy, en vez de bailar juntos el baile transcendental de la vida, de alma a alma, estás sola en medio de la pista bailando en círculos, sin nadie que te acompañe. Sin nadie con quien consensuar el siguiente paso, el siguiente movimiento, o con quien descubrir cuál es el destino final de esta mágica danza sagrada. ¿Quieres oír un secreto? La etapa final del camino no puede alcanzarse sin un compañero de viaje. La puerta que lleva al otro lado, sólo puede atravesarse de dos en dos, exactamente de la misma forma como ambos salieron por ella.”

Un Curso de Milagros nos dice que antes de alcanzar el cielo debemos convertir los sueños que hemos convertido en una pesadilla, en sueños dulces y felices. Convirtamos nuestro viaje en una experiencia llena de alegría y disfrute. Desterremos el miedo de nuestros corazones y hagamos de cada instante un instante dedicado a permitir que la llamita que habita en cada uno de nosotros ilumine nuestro interior proyectando hacia afuera la inmensa felicidad que sentimos, regalando una hermosa sonrisa a quienes tenemos al lado. Una sonrisa sincera que dará luz y color a nuestro camino. Démonos la oportunidad de vivir con alegría y con amor. Digamos Sí a una de las más maravillosas historias de amor que pueden ser escritas, aquella que vivimos junto a nosotros mismos. Un romance donde el cariño, la complicidad, la fidelidad, la aceptación, el placer y la intimidad están dirigidas hacia uno mismo. Una historia de amor previa y necesaria para, de la mano de nuestro “verdadero amor”, entrar al jardín donde un día salimos y al que estamos destinados a volver.

 

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