¿ESTRESADO? QUIZÁS SEA PORQUE NO ERES QUIEN DICES SER

Daniel Sotelino · 5 julio 2015 12:25 am

Dos caras Daniel SotelinoHay momentos en nuestras vidas en que nos encontramos especialmente cansados, ansiosos o agotados en nuestro quehacer diario. Lo cierto es que son muchas las causas que pueden originar este tipo de malestar, pero hoy quiero dedicar mi atención a una que, de forma habitual, pasamos por alto y que sin embargo no en pocas ocasiones es la principal causa de que nos sintamos tensionados y faltos de energía. Esta causa no es otra que la de tratar de mostrar una cara de nosotros mismos que no es real. Es frecuente, debido a nuestra intención de agradar o de ser aceptados por los otros, que pretendamos mostrar una imagen de nosotros muy diferente a cómo realmente somos. Así tratamos de mostrarnos eficientes, buenos, amistosos, elevados, fuertes, capaces, etc. De esta forma creemos que obtendremos la atención, la admiración, la aprobación o el cariño de quienes nos rodean. También es habitual que creamos que si ofrecemos una imagen diferente nos protegemos y de esta forma tratamos de afrontar el profundo miedo que sentimos a sufrir. Con demasiada frecuencia mostramos una imagen basada en las creencias que se han ido depositando en nosotros a través de nuestra educación -sobre lo que nos han dicho que es bueno o malo-, de los condicionantes sociales, o de nuestro propio criterio -el cual muchas veces tiene ciertamente poco de nuestro-.

Cuanto más se aleja la imagen que tratamos de mostrar a los demás de lo que realmente somos, más tensión y desgaste nos produce. No en vano consciente o inconscientemente estamos temerosos, e incluso angustiados, por el hecho de que podamos ser descubiertos y todos ahí fuera descubran que somos un gran fraude. Que no somos tan buenos, ni tan especiales, que no somos tan sabios, tan inteligentes, tan equilibrados, tan fuertes, tan seguros, o tan generosos. Personalmente he pasado por esto en muchas ocasiones a lo largo de mi vida.

Durante muchas oportunidades he tratado de mostrarme de una forma que distaba mucho de la realidad. He sido víctima de mi mismo y de mi falta de aceptación sobre quién y cómo soy, tantas veces que me resulta imposible contarlas. Esto da cuenta de que más que tratarse de ocasiones puntuales ha sido, más bien, un patrón que he seguido en mi vida. Un patrón repetido una y otra vez en distintos ámbitos de mi día a día. Me reconozco a lo largo de los años tratando de mostrar una imagen de mí poco real en mi vida profesional, en mi vida personal, en mi vida social, etc… ¿ Cuántos padres han llorado en silencio para evitar mostrar ese aspecto de sí mismos a sus hijos? Seguro que demasiados. Y así, sin quererlo, acabamos por transmitirles que llorar, no forma parte de una ecuación válida y les cerramos la puerta de golpe a un recurso natural de expresión de sus propios sentimientos.

En cierta ocasión estaba charlando con una monitora del gimnasio al que acudía -lo cierto es que no había por mi parte ningún interés en ella que pudiese justificar cierta tensión- cuando en un apto poco afortunado, al despedirme y girarme para seguir con mis ejercicios, tuve la mala suerte de ejercer más presión de la debida, sobre el botellín que tenía en mi mano, y un enorme chorro de agua roció mi cara. Recuerdo pensar que había sido una suerte que ella estuviese ya mirando para el lado contrario porque sino hubiese visto mi tremenda torpeza. Esto que puede parecer tan sólo un simpático suceso, es en realidad algo mucho más que eso. Durante años me he mostrado como alguien capaz, hábil y diestro. ¿ Yo patoso? NO ¡Qué va! Ése será otro… Aquel divertido suceso en el que en medio del gimnasio me empapé la cara simplemente ponía de manifiesto dos cosas: que puedo ser un grandísimo patoso y que la gran mayoría de las veces que estoy con alguien me siento tenso dado que pretendo mostrar una imagen de mí que no es real.

Existen muchas formas de tratar de mostrarse de una forma muy diferente a cómo uno es en realidad y éstas suceden en diversos ámbitos de la vida. Dice UCDM que aquello que enseñamos es aquello que necesitamos aprender. De esta forma todo aquel que está enseñando una lección a otros, lo hace, no como maestro cuya lección hace mucho que ha interiorizado, sino como forma de integrar en sí mismo aquello que pretende enseñar. Durante mucho tiempo he compartido la firme creencia de que toda persona logra entender de forma intelectual una lección cuando alguien es capaz de compartirla con ella, pero que es cuando uno es capaz de enseñarla a otro de forma en que éste la comprenda intelectualmente, cuando en verdad el que enseña logra integrarla o interiorizarla. Existen dos etapas en el aprendizaje: la primera cuando entendemos algo de forma intelectual y la segunda cuando lo integramos en nosotros mismos. Así podemos deducir que nadie que se presenta como maestro es realmente un sabio inmune a lo efectos de lo que está enseñando, o es ajeno a los problemas que trata de solucionar en otros, sino que ciertamente se encuentra tan sólo a un paso de distancia -sí, tan sólo a un paso- del punto donde se encuentran sus alumnos. Reconocer esto para mí es ser coherente, sincero y justo con quienes se acercan a aprender cualquier lección de vida. Cuando yo comparto mis experiencias o mi conocimiento, no lo hago desde la posición de quien está por encima de todo sino de quien hace escaso tiempo atravesó y concluyó con éxito el mismo sendero o está a un pequeño paso de lograrlo.

Para sentirnos bien con nosotros mismos, relajados y abiertos a vivir lo maravilloso de la vida es  necesario aceptarnos, mostrarnos tal y como somos y dejar de querer ser lo que no somos o mostrar una imagen poco real de nosotros mismos. Vivir una vida equilibrada, armoniosa, y plena, es aprender a vivir con consciencia, con aceptación, coherencia y alegría. Quien aprende a hacer simple lo complejo, permite que la inmensidad del basto universo en el que vive se transforme en manejable y confortable como el hermoso jardín de su propia casa.



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Un Comentario

  1. Marisol vega urtiaga

    Muy buen escrito! Me gusta y me identificó al igual que muchas gente
    Esas meteduras de pata a lo largo de la vida aunque sigamos haciéndolas, son expontaneas y naturales en nuestra personalidad y he aprendido a adaptarlas y reírme de mi misma en esas situaciones.
    Lo mas importante ha sido ser selectiva con el mundo que me rodea y que en esos casos me hagan sentir bien , quien me hace sentir bien me deja ser yo, sacar mi esencia y quererme como merezco.
    Un saludo
    Marisol

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