DETRÁS DE TUS MIEDOS SE ENCUENTRA TU MAYOR TESORO

Daniel Sotelino · 9 julio 2015 21:35 pm

Miedos y Libertad¿Tienes un profundo miedo a algo en concreto en tu vida? ¿Un miedo a algo que sientes coarta tu libertad, te ancla en el lugar en el que te encuentras y no te deja seguir hacia adelante? ¿Sientes que todo tu cuerpo se paraliza, que te bloqueas y que tu mente se llena de ideas y de pensamientos llenos de temor? ¿Sientes que más allá de superarlo, dándole la espalda y negándolo, este miedo sigue presente en tu vida y hace acto de presencia de forma sistemática en ella, atormentándote? ¿Sientes que cada vez que te toca enfrentar alguno de tus miedos profundos tus pensamientos se disparan y no logras encontrar ni la paz ni la claridad mental necesaria para poder dominarlos?

Si hoy sientes un profundo miedo ante algo estás de enhorabuena, lo estás porque has entrado en la fase de hacerte auto-consciente de una parte realmente importante de ti; te has hecho consciente de él, del miedo. Para ello hay que tener una gran fortaleza. Habitualmente la mayoría de las personas tienen profundos miedos que son incapaces de aceptar y que en algún momento decidieron esconder en lo más profundo de su ser. Es por ello que muchos de nosotros nos embarcamos en vidas con una actividad exagerada con el fin de evitar parar y pensar, mirar dentro de nosotros y descubrir que en realidad estamos profundamente asustados.

En realidad el ser humano pasa su vida entrando y saliendo de estados de temor consciente y de temor inconsciente. Cada ocasión que hacemos consciente un profundo temor, no sólo es una ocasión en la que sufrimos el dolor que lo acompaña, es en verdad la ocasión ideal para afrontarlo y superarlo. Es nuestra gran oportunidad. Cuando no lo hacemos y retrocedemos volvemos a un estado donde el miedo se vuelve latente y los síntomas que lo acompañan se van aplacando hasta desaparecer. Con el tiempo volveremos a tener la oportunidad de afrontarlo y tratar de superarlo. No en vano estas son etapas del camino de la vida que de una forma u otra, en un momento u otro, debemos superar y superaremos.

El gran problema que se presenta para muchas personas es que son incapaces de afrontar algunos de sus miedos pero sistemáticamente tratan de luchar contra ellos sin dar el paso definitivo para superarlos y sin darse tiempo para descansar de él, para desconectar o para tomar aliento con el fin de volver a enfrentarlo con mayor fuerza más adelante. De esta forma se mantienen enfrentadas y en tensión por demasiado tiempo y se van rompiendo poco a poco por dentro. Si tenemos en cuenta la importante tensión que deben padecer y que durante el proceso su claridad y paz mental se ven deterioradas enormemente, también entenderemos que lejos de acercase al objetivo de superar sus miedos se sitúan en la peor posición posible para hacerlo.

Durante años he compartido con muchas personas una idea clara en mí: que los miedos son como un precipicio que debemos saltar. Estamos en casa, nos sentimos fuertes y decidimos saltar. Nos dirigimos hacía el precipicio que se encuentra a varios kilómetros de nuestro hogar y justamente allí nos descubrimos incapaces de hacerlo. Ése es el momento de volver a casa, de permitirse desconectar y esperar una mejor situación, que sin duda llegará y en la que quizás, por fin, podamos salir victoriosos. Si por el contrario, ante la incapacidad de saltar el precipicio, seguimos justo encima de él, nuestra sensación de vértigo y tensión será cada vez mayor y difícilmente manejable. Desde el propio precipicio nos será imposible encontrar las fuerzas necesarias, o la claridad mental suficiente para hacerlo. Así son muchas las personas que han llegado hasta mí, completamente desorientas y desequilibradas, sin darse cuenta de que lo único que deberían hacer era renunciar por un pequeño espacio de tiempo a sus luchas particulares. Nuevamente aquí, como en otros muchos ejemplos de la vida, podemos ver que todo necesita de un equilibrio y que por mucho que luchemos por algo, por mucho que nos esforcemos, sólo saber esperar el momento justo es lo que nos permitirá alcanzar el éxito. Nuevamente me descubro ante una de mis máximas: “sólo se encuentra cuando se deja de buscar”.

Aquello a lo que más temes es aquello que debes atravesar para lograr tu mayor tesoro, tu libertad. ¿Quieres saber algo? Es precisamente a tu libertad a lo que tienes miedo. Miedo a alcanzar todas tus metas, miedo a descubrirte que siempre fuiste tú y que no hay nada en este universo que no esté ahí para ti. Miedo a haber sentido tanto miedo durante tanto tiempo y descubrir que todo el sufrimiento que te generó fue ilusorio, tan ilusorio como lo es que te sientas incapaz, limitado, o carente de algo. Detrás de tus miedos se encuentran siempre lo más hermoso y bello que nunca hubieses podido imaginar.

 

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